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Mostrando entradas de junio, 2026
VICENTÓN
El último lobo de las Sierras de Segura y Cazorla
Portada del libro Vicentón, el último lobo de las Sierras de Segura y Cazorla

Estas páginas son el testimonio de una sierra que ya no existe.

Una historia de hombres, lobos y silencio.

Léalas despacio, como se camina una vieja vereda perdida.

No encontrará otra igual.

Muy pronto en AMAZON

Disponible en papel y ebook

PRÓLOGO

Las Sierras de Segura y Cazorla no eran, en los años veinte, un lugar apropiado para aquellos que no estuvieran dispuestos a pelear el sustento de cada día en la tierra de su hortal. Exigían manos encallecidas, capaces de empuñar el hacha para desdoblar el firme tronco de un pino blanco y de soportar el tormento de los sabañones, provocados por el agua helada de los batanes. Había que conocer el rigor del intenso frío cuando llegaban los implacables nevazos que tapaban las veredas, en las que los pastores se hundían con sus abarcas hasta las rodillas. Y, desde luego, no tenían cabida los que se asustaban con el crujir de la escarcha bajo el paso, el silencio de la noche o la víbora enroscada en el piorno.

Un territorio en el que aún los pegueros sudaban en los hornos de pez y donde retumbaba el eco de los golpes secos de los hacheros; un sonido capaz de guiar al arriero o al recovero cuando volcaban por el collado con sus bestias cargadas de mercancías traídas de más allá de sus montañas. En las posadas, las venteras alimentaban el fuego para que el puchero no faltara al caminante hambriento y, en las entrañas del monte, los caleros y esencieros hacían lo propio vigilando sus caleras y alambiques como si les fuera la vida en ello.

Olayo dio sus temerosos primeros pasos en aquellas cumbres cuando los lobos daban sus postreras bocanadas de vida; unos años en los que su rastro empezaba a borrarse en los barrancos y las impenetrables malezas. Creció en una lucha sin descanso por salir adelante con su familia: la pelea con la aspereza del monte y el aguante ante los abusos de los que más tenían. En ese desamparo, terminó tejiendo una insólita relación con uno de esos recónditos supervivientes —acaso el último.

Un lobo escurridizo y solitario, que arrastraba por los calares y riscos el mismo empeño por sobrevivir que el propio muchacho. Una lucha interna en la que su instinto de pastor chocaba con una extraña e irremediable atracción por la alimaña. Un conflicto marcado a fuego entre el deber de proteger al rebaño y el respeto sagrado por el viejo rey de la sierra. Olayo se convertiría en testigo mudo de su extinción y, sin saberlo, del principio del fin de su propia forma de vida.

ENTRADAS

Mapa de la Vega de Hornos. Lo que quedó bajo el Pantano del Tranco - años 1920/30

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Todo lo que quedó bajo las aguas del Pantano del Tranco. El río de Hornos, las cortijadas, tinadas, arroyos y veredas que aparecen en este mapa tienen un protagonismo central a lo largo de la novela.  Aquí nació y vive junto a su familia Olayo, uno de los principales personajes de la historia. Si bien este plano es un registro bastante fiel de su época (1920/1930) , la realidad de aquel entonces era más vasta: no todo lo que estaba aparece representado. Esto será extensible al resto de cartografía antigua de otros rincones que iré colgando en lo sucesivo. Por ejemplo, lo que llama más la atención es la ausencia de los Cortijos del Soto, tanto el de Abajo como el de Arriba. Estos deberían aparecer un poco hacia la izquierda de la famosa laguna. Cortijos que el inolvidable José Gómez dejó reflejados en su imprescindible libro "Bajo las aguas del Pantano del Tranco" gracias al testimonio de María, una entrañable mujer que nació y creció allí los años anteriores a las expropiacio...

El último parto de la sierra: recta final de la maquetación

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Hace más de cien años, en un recóndito barranco de las sierras de Segura y Cazorla, una loba preñada buscó el resguardo más hondo y umbrío que pudo encontrar, lejos de los cepos, del veneno y de los hombres, para alumbrar entre la roca y la maleza a unos lobeznos que aún no sabían que eran los últimos de su estirpe en aquellas montañas. Hoy vengo a ofreceros en esta entrada el proceso final de edición y maquetación del libro que he escrito en su homenaje. Igual que aquella hembra gestó en secreto, durante meses, a la criatura que daría nombre a esta historia, yo he dado forma durante mucho tiempo, a solas, las páginas que pronto saldrán a la luz. El ahorro de recursos que supuso hacerme cargo yo mismo de la corrección ortotipográfica y de estilo —intuía que a cualquier corrector de una capital le habría explotado la cabeza la abundancia de localismos y palabras en desuso que hay a lo largo del texto—lo aproveché para destinarlo y potenciar el arte de la portada y la maquetación. Todo...