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Mostrando entradas de julio, 2026
VICENTÓN
El último lobo de las Sierras de Segura y Cazorla
Portada del libro Vicentón, el último lobo de las Sierras de Segura y Cazorla

Estas páginas son el testimonio de una sierra que ya no existe.

Una historia de hombres, lobos y silencio.

Léalas despacio, como se camina una vieja vereda perdida.

No encontrará otra igual.

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PRÓLOGO

Las Sierras de Segura y Cazorla no eran, en los años veinte, un lugar apropiado para aquellos que no estuvieran dispuestos a pelear el sustento de cada día en la tierra de su hortal. Exigían manos encallecidas, capaces de empuñar el hacha para desdoblar el firme tronco de un pino blanco y de soportar el tormento de los sabañones, provocados por el agua helada de los batanes. Había que conocer el rigor del intenso frío cuando llegaban los implacables nevazos que tapaban las veredas, en las que los pastores se hundían con sus abarcas hasta las rodillas. Y, desde luego, no tenían cabida los que se asustaban con el crujir de la escarcha bajo el paso, el silencio de la noche o la víbora enroscada en el piorno.

Un territorio en el que aún los pegueros sudaban en los hornos de pez y donde retumbaba el eco de los golpes secos de los hacheros; un sonido capaz de guiar al arriero o al recovero cuando volcaban por el collado con sus bestias cargadas de mercancías traídas de más allá de sus montañas. En las posadas, las venteras alimentaban el fuego para que el puchero no faltara al caminante hambriento y, en las entrañas del monte, los caleros y esencieros hacían lo propio vigilando sus caleras y alambiques como si les fuera la vida en ello.

Olayo dio sus temerosos primeros pasos en aquellas cumbres cuando los lobos daban sus postreras bocanadas de vida; unos años en los que su rastro empezaba a borrarse en los barrancos y las impenetrables malezas. Creció en una lucha sin descanso por salir adelante con su familia: la pelea con la aspereza del monte y el aguante ante los abusos de los que más tenían. En ese desamparo, terminó tejiendo una insólita relación con uno de esos recónditos supervivientes —acaso el último.

Un lobo escurridizo y solitario, que arrastraba por los calares y riscos el mismo empeño por sobrevivir que el propio muchacho. Una lucha interna en la que su instinto de pastor chocaba con una extraña e irremediable atracción por la alimaña. Un conflicto marcado a fuego entre el deber de proteger al rebaño y el respeto sagrado por el viejo rey de la sierra. Olayo se convertiría en testigo mudo de su extinción y, sin saberlo, del principio del fin de su propia forma de vida.

ENTRADAS

Mi primera entrevista en "Jaén Hoy"

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Hace apenas unos días que mi libro vio la luz, y la sensación sigue siendo una mezcla maravillosa de vértigo, ilusión y gratitud. Ver que un proyecto en el que has puesto tanto empeño empieza a caminar por sí solo es algo difícil de explicar con pocas palabras. En medio de esta vorágine de emociones tan bonitas, he tenido la oportunidad de vivir una experiencia muy especial: conceder mi primera entrevista para el periódico digital " Jaén Hoy" . La verdad es que fue un encuentro sumamente agradable e interesante, una charla distendida donde pudimos hablar de las páginas que dan forma a este libro, de lo que hay detrás de cada capítulo y de lo que significa para mí compartir esta historia con todos vosotros. Quiero agradecer de corazón al medio , en especial a Nuria Fernández Luque, por el trato tan cercano y por este espacio tan bonito dedicado a la cultura y a la literatura. Os dejo por aquí el artículo completo y el enlace a " Jaén Hoy " para que podáis leerlo: __...

Vicentón comienza a caminar

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Y por fin llegó el día. La novela " Vicentón. El último lobo de las Sierras de Segura y Cazorla" , ya está disponible. Un pastor, una sierra que el tiempo se llevó por delante, y el último lobo que quedaba en ella. Así empieza esta historia, ambientada en los años 1920 en las Sierras de Segura y Cazorla. Todo empezó, como casi siempre, caminando. Llevo años pateando estas sierras, y hace tiempo que dejé de conformarme con mirar el paisaje sin más.  Cada senda tiene un nombre, cada fuente, cada cortijada en ruinas. Empecé a preguntar, a rebuscar en archivos, a parar a charlar con los pocos viejos serranos que aún quedan y que se acuerdan de cómo se llamaba aquel collado o aquella majada antes de que el olvido las borre.  De esas conversaciones nació la semilla de Vicentón: no quería escribir solo una historia ambientada en la sierra, quería que ella misma, con sus nombres y sus gentes, fuera parte de la trama. Meses cociéndose a fuego lento, como se cocinaba todo en la l...

¿Me acompañas a 1920?

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Quedan pocos días para que la novela "Vicentón. El último lobo de las Sierras de Segura y Cazorla" empiece a caminar por su cuenta. He decidido que estos primeros instantes de vida del libro los voy a vivir de una forma especial: cercano, con la puerta del cortijo abierta a quien se anime a meterse en la historia. En ella encontrarás unos personajes que hablan como se hablaba entonces, con palabras que hoy quizá suenen lejanas. Si te cruzas con alguna que no entiendas, o si simplemente te apetece comentarme algo mientras lees —una escena, un detalle, un personaje (ojo, hay más de uno real), contexto histórico, lo que sea—, escríbeme por privado, así lo disfrutamos entre los dos sin destripar nada a quien todavía no lo haya leído. Es algo que solo voy a hacer con esmero unas cuantas semanas de verano, luego no dejaré de contestar, pero según disponga de tiempo. Por orden de rapidez de respuesta:  Email: vicentonelultimolobo@gmail.com  Privado en mi perfil personal  de Face...

La intrahistoria de la contraportada

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Para la contraportada no tenía nada en mente. De hecho, ni siquiera sabía si finalmente llevaría una imagen. Lo vi claro cuando terminé de escribir la última letra del epílogo y una dedicatoria posterior: fue entonces cuando me llegó el chispazo que encendió la lumbre. Tenía que ser una ilustración que reflejara la doble alma de la novela. Si en la portada se mostraba el lado salvaje de la sierra, con Las Banderillas y la silueta de Vicentón, en esta debían aparecer los serranos. Alguna escena de su vida cotidiana —en este caso, un pastor, ya fuera Olayo, Marcelo o su abuelo Lorenzo careando a las ovejas— y, como en la cubierta, un lugar reconocible. Entonces recordé una fotografía tomada una calurosa tarde de Julio de 2016, cuando con inmejorable compañía subí al Picón del Galayo desde El Cerezo y Arroyo Venancia. Después de disfrutar de unas vistas fantásticas y de los tonos dorados del atardecer sobre el Almorchón, Calar de las Palomas,  y los Campos de Hernán Pelea, en e...

La intrahistoria de la portada

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Cuando comencé a escribir el libro no tenía formada una idea sobre cuál iba a ser la portada. Ni siquiera me lo planteaba. Estaba centrado en otra cosa: en sacar adelante la novela, en que cada capítulo respirara la Sierra tal y como yo la llevo dentro. Pero sí tenía algunas cosas claras, aunque fueran solo intuiciones. Sabía que tenía que respirar a antiguo, que debía desprender autenticidad. Por eso, desde el principio, tuve prohibido cualquier diseño llamativo, de mil colores, moderno o frío. Nada de eso me servía. De un vistazo tenía que trasladarte a los años 1920. Y tenía claro algo más: debía mostrar un lugar icónico y reconocible de la sierra, y que Vicentón, uno de los dos coprotagonistas, apareciera en ella como figura destacada. Con esas ideas tan abiertas y tan concretas a la vez, pensaba que probablemente no le metería mano al diseño hasta el final. Y sospechaba, además, que me iba a dar más de un dolor de cabeza y más de un desengaño con algún ilustrador. ¿Dónde iba a enc...