VICENTÓN
El último lobo de las Sierras de Segura y Cazorla
Portada del libro Vicentón, el último lobo de las Sierras de Segura y Cazorla

Estas páginas son el testimonio de una sierra que ya no existe.

Una historia de hombres, lobos y silencio.

Léalas despacio, como se camina una vieja vereda perdida.

No encontrará otra igual.

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PRÓLOGO

Las Sierras de Segura y Cazorla no eran, en los años veinte, un lugar apropiado para aquellos que no estuvieran dispuestos a pelear el sustento de cada día en la tierra de su hortal. Exigían manos encallecidas, capaces de empuñar el hacha para desdoblar el firme tronco de un pino blanco y de soportar el tormento de los sabañones, provocados por el agua helada de los batanes. Había que conocer el rigor del intenso frío cuando llegaban los implacables nevazos que tapaban las veredas, en las que los pastores se hundían con sus abarcas hasta las rodillas. Y, desde luego, no tenían cabida los que se asustaban con el crujir de la escarcha bajo el paso, el silencio de la noche o la víbora enroscada en el piorno.

Un territorio en el que aún los pegueros sudaban en los hornos de pez y donde retumbaba el eco de los golpes secos de los hacheros; un sonido capaz de guiar al arriero o al recovero cuando volcaban por el collado con sus bestias cargadas de mercancías traídas de más allá de sus montañas. En las posadas, las venteras alimentaban el fuego para que el puchero no faltara al caminante hambriento y, en las entrañas del monte, los caleros y esencieros hacían lo propio vigilando sus caleras y alambiques como si les fuera la vida en ello.

Olayo dio sus temerosos primeros pasos en aquellas cumbres cuando los lobos daban sus postreras bocanadas de vida; unos años en los que su rastro empezaba a borrarse en los barrancos y las impenetrables malezas. Creció en una lucha sin descanso por salir adelante con su familia: la pelea con la aspereza del monte y el aguante ante los abusos de los que más tenían. En ese desamparo, terminó tejiendo una insólita relación con uno de esos recónditos supervivientes —acaso el último.

Un lobo escurridizo y solitario, que arrastraba por los calares y riscos el mismo empeño por sobrevivir que el propio muchacho. Una lucha interna en la que su instinto de pastor chocaba con una extraña e irremediable atracción por la alimaña. Un conflicto marcado a fuego entre el deber de proteger al rebaño y el respeto sagrado por el viejo rey de la sierra. Olayo se convertiría en testigo mudo de su extinción y, sin saberlo, del principio del fin de su propia forma de vida.

ENTRADAS

Viejas fotos aéreas del Embalse de Las Anchuricas y de Poyotello - evolución desde los años 40

¿Cómo era el río Segura antes de la construcción del embalse de Anchuricas-Miller? En esta nueva entrega de las viejas fotos aéreas de la Sierra saldremos de dudas. Según dicen los más mayores, que les contaron a su vez sus padres, antes de la construcción del pantano de la Fuensanta en Yeste (años 30), en el curso alto del río Segura se llegaban a ver anguilas que remontaban desde el mar.

Pero para cuando se levantó el de Anchuricas, en los años 50, ya habían pasado muchos años, con una guerra civil entre medias. Vamos a ver cómo era el tramo exacto donde se levantó el dique. Primero nos vamos a una foto del «Vuelo americano 1945/1946» en el que el río corre libre y, sobre todo, llama la atención la bestial erosión que hay en la ladera de la Umbría de los Anguijones y alrededores.

En 1945
Entorno de Las Anchuricas en 1945

En la segunda foto, perteneciente al «Vuelo americano 1956/1957», en la parte de arriba podemos observar la presa en plena construcción. La ladera continúa igual, a la vista de los profundos «arañazos» dispuestos de arriba a abajo.


Años 50
Construcción de la presa

En la tercera toma, del «Vuelo nacional 1981/1986», el embalse lleva ya muchos años terminado y lo más destacable es la reforestación con pinos en toda la Umbría, aunque aún siguen presentes grandes socavones perpendiculares.


Reforestada
Reforestación de la umbría

En la última, actual y en color (resaltando el azul turquesa tan característico de las aguas), vemos el aspecto mucho más tupido. Pero incluso hoy, con el monte mucho más protegido, se intuyen las viejas heridas de la ladera.


Hoy
Las Anchuricas-Miller hoy

Y del río Segura y el Pantano de Las Anchuricas-Miller, un rincón muy cambiado, pasamos a un ejemplo de todo lo contrario. En Poyotello, el tiempo casi se detuvo. Como bien sabéis los que ya habéis terminado el libro, en los alrededores de Poyotello transcurre uno de los capítulos fundamentales de la novela. 

Comenzamos con una foto del "Vuelo Americano 1945/46" donde llama la atención la cantidad de eras que hay, casi superando el número de casas. El camino a Cañada Hermosa aún no existe, pero sí había una vereda que, examinando con detalle el resto de la foto (no incluido), enlazaba con ella siguiendo más o menos el mismo itinerario.


Años 40
Poyotello en los años 40

Como la foto de las casas del "Vuelo Americano 1956/1957" es prácticamente idéntica, alejo el zoom para observar más elementos interesantes. Sigue sin verse el camino y llama la atención el rincón de la Cueva del Agua, arriba a la izquierda, con campos rozados para el cultivo.


Años 50
Contornos de Poyotello años 50

Si nos vamos al "Vuelo Interministerial 1976/1986", pese a que la foto es de peor calidad, ya sí se ve el camino y, pese a que siguen ahí las eras, parece que ya no se les daba tanto uso como treinta años antes.


Años 70
Poyotello entre 1976 y 1986

Y por último, una foto actual en color, en la que se conserva una de las eras de la entrada (donde aparcan todos los que van a hacer el pateo a la Cueva del Agua) y unas pocas construcciones más.


Hoy
Poyotello hoy

Fotografías extraídas de la Fototeca Digital del Instituto Geográfico Nacional de España. Fuente oficial: fototeca.cnig.es

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