VICENTÓN
El último lobo de las Sierras de Segura y Cazorla
Portada del libro Vicentón, el último lobo de las Sierras de Segura y Cazorla

Estas páginas son el testimonio de una sierra que ya no existe.

Una historia de hombres, lobos y silencio.

Léalas despacio, como se camina una vieja vereda perdida.

No encontrará otra igual.

Venta exclusiva en AMAZON

PAPEL 19,99 € | EBOOK 9,99 €

PRÓLOGO

Las Sierras de Segura y Cazorla no eran, en los años veinte, un lugar apropiado para aquellos que no estuvieran dispuestos a pelear el sustento de cada día en la tierra de su hortal. Exigían manos encallecidas, capaces de empuñar el hacha para desdoblar el firme tronco de un pino blanco y de soportar el tormento de los sabañones, provocados por el agua helada de los batanes. Había que conocer el rigor del intenso frío cuando llegaban los implacables nevazos que tapaban las veredas, en las que los pastores se hundían con sus abarcas hasta las rodillas. Y, desde luego, no tenían cabida los que se asustaban con el crujir de la escarcha bajo el paso, el silencio de la noche o la víbora enroscada en el piorno.

Un territorio en el que aún los pegueros sudaban en los hornos de pez y donde retumbaba el eco de los golpes secos de los hacheros; un sonido capaz de guiar al arriero o al recovero cuando volcaban por el collado con sus bestias cargadas de mercancías traídas de más allá de sus montañas. En las posadas, las venteras alimentaban el fuego para que el puchero no faltara al caminante hambriento y, en las entrañas del monte, los caleros y esencieros hacían lo propio vigilando sus caleras y alambiques como si les fuera la vida en ello.

Olayo dio sus temerosos primeros pasos en aquellas cumbres cuando los lobos daban sus postreras bocanadas de vida; unos años en los que su rastro empezaba a borrarse en los barrancos y las impenetrables malezas. Creció en una lucha sin descanso por salir adelante con su familia: la pelea con la aspereza del monte y el aguante ante los abusos de los que más tenían. En ese desamparo, terminó tejiendo una insólita relación con uno de esos recónditos supervivientes —acaso el último.

Un lobo escurridizo y solitario, que arrastraba por los calares y riscos el mismo empeño por sobrevivir que el propio muchacho. Una lucha interna en la que su instinto de pastor chocaba con una extraña e irremediable atracción por la alimaña. Un conflicto marcado a fuego entre el deber de proteger al rebaño y el respeto sagrado por el viejo rey de la sierra. Olayo se convertiría en testigo mudo de su extinción y, sin saberlo, del principio del fin de su propia forma de vida.

ENTRADAS

Tercera entrega de reseñas: los lectores hacen suya la novela

Ya se viste la sierra con el hábito del otoño, ese momento en que los chopos se coronan de oro viejo, y los arces y los serbales delatan su presencia entre la espesura de los pinos con sus colores rojizos encendidos.

En esta época entrañable, al amor de la lumbre y entre el crujir de la hojarasca, os traigo la tercera entrega de valoraciones que siguen llegando a la ficha del libro "Vicentón. El último lobo de las Sierras de Segura y Cazorla" en Amazon. 

Os confieso que me siento un poco sobrepasado ante tantas muestras de cariño, pues los comentarios siguen siendo sencillamente inmejorables; de esos que reconfortan y le dan todo el sentido a este proyecto, empujándolo a seguir creciendo paso a paso.


Es profundamente conmovedor comprobar cómo la gente está haciendo el libro suyo, acogiéndolo como algo propio en el corazón de sus hogares. 


Es maravilloso leer cómo estas páginas despiertan recuerdos dormidos, evocando en cada lector las historias de sus abuelos, los relatos al calor del hogar de sus padres o las vivencias más puras de su propia infancia.


A todos los que habéis dedicado unos segundos de vuestro tiempo para escribir estas palabras y compartirlas, de todo corazón: muchas gracias.

Comentarios